• El rodeo lechero está expuesto, durante gran parte del año, a condiciones de elevadas temperaturas y humedad relativa que reducen su confort y productividad, al tiempo que generan pérdidas de hasta $500 millones al año y 5 y 6 millones de pesos por día durante el período estival.
  •   La producción de leche puede reducirse entre un 10 y un 25% y hasta un 40%, en circunstancias extremas de estrés térmico. Además, disminuye la concentración de proteína y materia grasa de la leche.
  •   Las vacas lecheras prefieren temperaturas ambiente de entre 5 y 23 °C. Por lo tanto, cuando se superan los 24 °C, las vacas no pueden enfriarse adecuadamente y entran en estrés calórico. 
  • El estrés térmico también disminuye la tasa de concepción, aumenta el peligro de muerte de embriones, disminuye el peso al nacer y viabilidad de los terneros. Asimismo, disminuye la rumia, la digestión y absorción de nutrientes y el consumo de materia seca cae hasta un 20%.

Para mitigar el impacto del estrés calórico:

–          Es fundamental que los tambos adopten buenas prácticas de manejo e inviertan en infraestructura apropiada para asegurar el bienestar animal y la eficiencia productiva.

 –          Las estructuras deben ser bien diseñadas y materiales apropiados – malla plástica, flecos y esterillas, paja, caña o chapa– reducen entre un 40 y un 50% la incidencia de la radiación solar directa y calor sobre los animales.

 –          La instalación debe estar dispuesta de Norte a Sur, con un dimensionamiento de 3,5 m2/animal como mínimo, una pendiente de techo de 14 a 16% y de entre 3 a 4 metros de alto. Estas características permiten la circulación de aire y un corrimiento de la sombra a lo largo del día.