30/12/21 00:00

Por una Siembra Directa contra el Cambio Climático

Labrar o no un lote es mucho más que una decisión de manejo, es una decisión que trasciende tranqueras y generaciones.

Dadas las repercusiones del último comunicado de Aapresid sobre la disminución de la adopción de Siembra Directa (SD) en esta última campaña agrícola, dos de nuestros directivos fueron convocados por Radio Colonia, AM 550, para profundizar en la visión de la Institución sobre esta problemática.

“Que no decaiga la Siembra Directa”, así arrancaba Carola Urdangarin junto a Pablo Losada, la entrevista a David “Bachi” Roggero, Presidente de Aapresid, en el programa “Agro Link Radio” el pasado miércoles 22 de diciembre. Por otra parte, Marcelo Arriola, Director Adjunto del Programa Sistema Chacras, fue entrevistado por Jorgelina Traut y Luciano Fondado el jueves 23 en el programa “Colonia Agropecuaria” de la misma emisora.

Además de profundizar en las posibles causas que llevan a los productores a tomar la decisión de realizar labranzas, los profesionales se centraron en las consecuencias de éstas prácticas en relación al impacto sobre la materia orgánica (MO) y la liberación de gases de efecto invernadero hacia la atmósfera. 

En comparación con la campaña anterior, donde el porcentaje de adopción de la SD ascendía al 92%, en la última medición hemos disminuído un 3%, inició Rogero. “Más allá del valor, lo que preocupa es la curva de tendencia”, agregó Arriola. Ambos coinciden en que si bien el 3% parece poco, es visible al recorrer el país que existe una mayor superficie de lotes labrados. Por otro lado, cabe destacar que “más que la cantidad de hectáreas, no significa lo mismo labrar la tierra en una zona con suelos predominantemente arenosos, que en Entre Ríos o la zona núcleo, porque tenemos diferentes tipos de suelos”, remarcó Rogero, haciendo referencia a que en suelos con mayor presencia de limo y arcilla los daños producidos por las labranzas son mucho mayores. Otro aspecto importante a tener en cuenta es la pendiente de los lotes, que los hace más propensos a erosión hídrica, agregó Arriola. Y por otro lado, “minimizar el efecto de las labranzas, porque el disco es chico o porque es superficial, no tiene sentido, ya que justamente estamos hablando de la capa del suelo donde hay más actividad biológica y mayor porcentaje de MO”, resaltó.

En los inicios de Aapresid, los pioneros de la SD tenían el desafío de demostrar que aquello que el hombre venía haciendo hacía más de 5000 años era incorrecto y que se debía imitar el funcionamiento de la naturaleza, “donde cada planta nace sin que nadie venga a mover el suelo”. Sin embargo, ésta no es una cuestión ideológica, lo respalda la ciencia, básicamente “estamos evitando una oxidación demasiado rápida de la MO y que ésta se transforme en dióxido de carbono y termine yéndose al medio ambiente, a la famosa capa de gases de efecto invernadero”, explicó Rogero. “Uno de los aportes a esta capa de gases, es aquel trabajo que hace el productor agropecuario cuando labra la tierra y parte de esa MO se transforma en dióxido de carbono y termina en la atmósfera”, destacó. 

En cuanto a la importancia de la MO, Arriola resaltó que “es una forma de cuantificar la vida del suelo”. Desde el aspecto químico, provee de nutrientes a los cultivos que sembramos y que luego cosechamos y nos dan de comer. Por otra parte, ayuda a que el suelo esté “más esponjoso” y tenga buena circulación de oxígeno y de agua, lo cual hace que sea más fértil desde el aspecto físico. Además, la MO hace al secuestro de carbono y la mitigación del cambio climático. En este sentido, los vegetales toman el dióxido de carbono que está en la atmósfera y lo convierten en MO que luego se almacena en el suelo, como reservorio.

Pasando a aspectos económicos, a nivel global se cuestiona que a Europa y EEUU, que siempre son vistos como “el desarrollo” y que siguen haciendo siembra convencional, “tan mal no les va”. Si bien en márgenes brutos anuales puede ser que les vaya un poco mejor, no se está haciendo foco en el recurso suelo. “Cuando se mira el mapa de deterioro de suelos en Argentina, el deterioro existió. Suelos que arrancaron con 70tn de stock de carbono ahora tienen 30tn y ese carbono ya no está, está en la atmósfera”, remarcó Arriola.

A escala local, cuando uno piensa en economía, lo hace a nivel de bolsillo. “Pero si yo pienso en el deterioro al que llevo a mi suelo, ese daño no solo lo pago yo sino que no pagan las próximas generaciones”, destacó. “Si cuantificamos el deterioro que genera la labranza, la labranza es carísima”. 

Finalmente, Rogero remarcó que la preocupación se sustenta en “un camino que creíamos que ya estaba aprendido y que tenemos el desafío de transmitirlo al mundo” y quizás esto no sea así o deba seguir reforzándose. Aapresid pregona desde sus comienzos un sistema de SD que es mucho más que el uso de una sembradora para sembrar directamente y que involucra otros aspectos -como la rotación de cultivos, el aporte equilibrado de nutrientes y el uso responsable de fitosanitarios- que hacen al éxito de ésta tecnología para la sustentabilidad de los sistemas. 

Desde la Institución, el próximo desafío será volver a poner el foco en los principios básicos de la SD, para brindarle herramientas a todos los actores que toman las decisiones, tanto a los propietarios como a los productores. “Y no tomar decisiones que en el corto plazo puedan llevar al éxito momentáneo, pero a largo plazo nos van a llevar a un fracaso irremediable, sobre todo pensándolo en los tiempos de la humanidad. Quizás como seres humanos es distinto, en nuestro pequeño paso por la Tierra, pero a la larga no hay ninguna duda de que no es el camino que debemos seguir”, concluyó.