Repasamos algunos datos del análisis de campaña de fina 2019, donde la estrella fue el trigo. Fechas de siembra, ciclos y variedades más elegidas, rendimientos y adversidades.

En su reunión virtual del ultimo 19 de junio, el Nodo Litoral presentó el análisis de campaña 2019 de cultivos de invierno. El mismo surge de la información que brindaron los socios de 4 de las 6 las Regionales que conforman el nodo: Paraná, Rafaela, Rosario y Videla.

El trigo fue la estrella de la campaña ocupando un 91.4% de la superficie sembrada en 2019 (12.492 has), pero mostrando una caída del 22% respecto del área sembrada en la campaña 2018. Estuvo seguido muy de lejos por arveja amarilla (3.6%), colza (2.8%) y Brassica carinata (0.4%). Los cultivos de servicios ocuparon un 1.8% del área sembrada.

En la Fig 1. se muestran las variedades mas sembradas, que en 2019 tuvieron al semillero DM a la cabeza, con su DM Ceibo y DM Algarrobo, que a su vez fueron las de mayor rendimiento promedio (Fig. 2).

Los ciclos más elegidos fueron los cortos e intermedios-cortos (57% de la superficie), seguidos de los intermedios (34%). Con una ventana de siembra más acotada, los ciclos cortos comenzaron a sembrarse los primeros días de junio y hasta mediados de julio, mientras que los intermedios arrancaron alrededor del 20 de mayo y terminaron de sembrarse a mediados de julio. En la Fig. 3 se muestran los rindes promedio que tuvo cada ciclo, con los intermedios a la cabeza.

 

Al analizar los rindes por fecha de siembra dividiendo los meses en tres decenios de diez días, se observa que los mayores rindes se obtuvieron con siembras del 2do decenio de junio (entre el 10 y el 20/6) y que, partir del 2do decenio de julio, fueron cayendo (Fig. 4).

Estos trigos fueron antecedidos en su mayoría por barbecho/soja 1era (52% de la superficie), seguido trigo/soja 2da (18%) y barbecho/maíz 1era (14%). En la Fig. 5 se muestra la evolución de los rendimientos del trigo según cada antecesor.

Fertilización:

Si bien hubo un fuerte incremento en la decisión de hacer análisis de suelo (52% de la superficie vs. 13% de 2018), sólo en el 5.9% de la superficie se hizo fertilización completa con N, P, S y micronutrientes. El aporte más frecuente fue la combinación de N y P (47%). En promedio se aplicaron 82.2 kg/ha de N, 33.8 kg/ha de P2O5 y 5.5 kg/ha de S. El aporte de N se realizó en general con una única aplicación en estado vegetativo. Solo en el 16% de la superficie se eligió particionar el aporte de N, entre pre-siembra y vegetativo o siembra y vegetativo.

 

Adversidades

En general, el cultivo se mantuvo libre de adversidades climáticas, salvo algunas zonas (nunca superiores al 6% de la superficie) que sufrieron anegamiento, sequía y/o helada.

En cuanto a enfermedades, en el 88% de la superficie se realizaron entre 1 y 2 aplicaciones fungicidas en estadios vegetativos tardíos y reproductivo temprano, especialmente para roya. La doble mezcla de trizoles+ estrobirulinas fue la opción fungicida más elegida.  

Las malezas no fueron un problema mayor: solo el 14% de la superficie tuvo dificultades, siendo Capiquí la más problemática, seguida de Raigrás y Rama negra.

 

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