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Carboxamidas: relevamiento REM de su uso

Cuantas más herramientas tenga el productor a su alcance para el tratamiento de una adversidad, más posibilidades de rotar activos tendrá y de retrasar la aparición de resistencias.

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Según FRAC (Comité de Acción de Resistencia a Fungicidas) la resistencia a fungicidas es un cambio, heredable, en la susceptibilidad de una población de hongos que provoca el fracaso repetido de un producto fungicida para alcanzar el nivel adecuado de control cuando éste es usado de acuerdo a las recomendaciones de la etiqueta para dicho patógeno. En la mayoría de los casos, la resistencia no sólo afecta negativamente al compuesto activo sobre el que se genera, sino que a menudo también confiere resistencia cruzada a otros compuestos químicamente relacionados. Esto es debido a que productos de un mismo grupo químico suelen afectar a un sitio de acción común. La estrategia más importante para retrasar la evolución de resistencias a los fungicidas consiste en las alternancias o rotaciones de productos de diferentes modos de acción y para ello, obviamente es importante conocer a qué grupo químico pertenece cada activo utilizado.

Visualizar publicación REM Modo de acción fungicida 

En Argentina los triazoles y las estrobilurinas son los fungicidas más utilizados para controlar enfermedades foliares. En los últimos años se ha incorporado la utilización de carboxamidas y su uso está en aumento. Las carboxamidas, pertenecen al grupo de los fungicidas Inhibidores de la respiración, puntualmente inhiben la acción de la enzima succinato deshidrogenasa (SDHI) (grupo 7 código FRAC). Este grupo de fungicidas fue descubierto en 1964, pero se los considera de relativamente nueva incorporación ya que a partir de 2003 se lanzaron comercialmente carboxamidas de “generación moderna” con mayor espectro y potencia, logrando rápidamente una alta participación de mercado en muchos cultivos. Son activos sistémicos (con movimiento en las plantas) y presentan una mayor especificidad contra los patógenos del grupo de los basidiomycetes (royas, carbones), aunque también controlan zygomycetes y oomycetes. Poseen riesgo medio a alto de generación de resistencia causada por varias mutaciones en las subunidades que forman el sitio de unión de la ubiquinona y las SDHIs.

Una de las cualidades más destacadas de este grupo de fungicidas es su persistencia o residualidad al interactuar con diferentes componentes foliares de la planta. Tanto la eficacia como la residualidad de un fungicida está dada por la combinación de las características intrínsecas del fungicida o mezclas, las estrategias de control establecidos (como el momento aplicación), las condiciones ambientales, la densidad de población del patógeno y las características generales de la planta como el cultivar, estado de crecimiento, la nutrición, las prácticas de culturales y la expresión genética de la resistencia en la planta.  El monitoreo constante posibilita conocer cuando empieza a evidenciarse una enfermedad y así evitar aplicaciones con alta severidad, donde probablemente la residualidad del producto se vea disminuida.

En nuestro país actualmente los activos registrados de este grupo quimico son: Carboxin, Benzovindiflupyr, Bixafen, Fluxapyroxad, Isopyrazam, Penthiopyrad, Sedaxane, Boscalid y Pydiflumetofen. Comercializados mayormente como mezclas junto con activos de otros grupos químicos, aunque también hay productos solos o con mezclas entre carboxamidas. Ejemplos de nombres comerciales: ELATUS, MIRAVIS DUO, MIRAVIS TRIPLE PACK, CRIPTON Xpro, ONSUVA, EXCALIA MAX, entre otros.

Relevamiento de aplicaciones de fungicidas y uso de carboxamidas

Para la campaña 2019/2020, la REM realizó el primer relevamiento de insectos plagas y enfermedades para los principales cultivos agrícolas del país, encuestando a referentes de todos los departamentos o partidos de las zonas productivas a nivel nacional. En el caso puntual de fungicidas la consulta apuntó a conocer el número de aplicaciones que fueron necesarias realizar por cultivo y el porcentaje de superficie en las que se utilizó carboxamidas como activo de control, para de esta manera conocer el nivel de adopción de esta tecnología en los sistemas agrícolas extensivos.

Para territorializar las respuestas y facilitar su análisis, se agrupó a los departamentos/partidos según las siguientes zonas productivas o nodos:

Norte (Salta, Santiago del Estero, Tucumán y Chaco);  Litoral (Entre Ríos, Sureste, Centro y Norte de Santa Fe); Oeste (Córdoba y San Luis); Centro (Suroeste de Santa Fe y Norte de Buenos Aires); Oeste Medanoso (Oeste de Bs. As. y La Pampa) y Sur (Sur de Buenos Aires).

En el análisis de la cantidad de aplicaciones de fungicidas foliares por lote, los datos obtenidos evidenciaron una situación dispar según los cultivos y a las zonas productivas. Se puede inferir que en los diferentes cultivos, la necesidad de tratamientos por presión de los diferentes patógenos varía según la región donde nos posicionamos.

Como era esperable, los cultivos invernales requirieron la mayor cantidad de aplicaciones fungicidas, superando en promedio la necesidad de una entrada al lote para la campaña analizada, 1,3 para el trigo y 1,2 para la cebada en los departamentos/partidos relevados. La región central del país donde se sitúan los nodos Litoral y Centro estuvieron por encima de esa media llegando a valores de 1,5 aplicaciones si promediamos las respuestas.

En el cultivo de soja, la cantidad de aplicaciones de fungicidas estuvo cercana al valor de 1 vez. La presión de patógenos para este cultivo en las latitudes más al sur hizo menos necesaria la entrada del aplicador.

El maíz, es el cultivo que menos cantidad de aplicaciones por lote recibió, siendo 0,5 para el temprano y 0,6 para el tardío. Si bien en el total de los departamentos el promedio es similar para ambas fechas de siembra, cabe mencionar que la presencia de enfermedades relevadas en este mismo estudio de mapeo de REM marca una mayor presión en las fechas tardías (posterior a noviembre).

Tabla 1: Cantidad de aplicaciones de fungicidas foliares por lotes en la campaña 2019/20

Ahora bien, hecha la mención sobre la cantidad de aplicaciones que cada lote se llevó para los distintos cultivos, afinamos la mira para dilucidar qué porcentaje de los lotes se trató con carboxamidas

En trigo, debido a la importancia y características que tiene el cultivo y la presión de sus enfermedades, el nodo Sur se destacó en la adopción de las carboxamidas, alcanzando el 36% de los lotes tratados, algo alejado aparece el Centro, con el 27% de los lotes. El promedio total en el cultivo estrella invernal rondó el 18% de los lotes con aplicaciones de dicho grupo químico.

En cebada al ser un cultivo más limitado zonalmente, solo hay datos para los nodos Centro, Oeste Medanoso y Sur. Este cultivo es el que más uso hizo, 55% de los lotes en promedio incorporó las carboxamidas en su estrategia de control. La razón principal de esto, es la características del cultivo y sus enfermedades principales. Para este cultivo la  aplicación de fungicidas debería incluir a las carboxamidas, no sólo por su mejor eficiencia de control sobre esas manchas clásicas, sino también por su excelente efecto sobre Ramularia especialmente en años de riesgo epidémico (Carmona, Sautua, 2015). Si analizamos por zona, tres de cada cuatro tratamientos llevaron consigo el uso de carboxamidas para la región Centro, en la Sur los valores alcanzaron un 57% en promedio, con partidos que se destacan con el 100% de sus lotes aplicados con este grupo químico, un dato que muestra que su utilización está instalada en la estrategia de manejo de patógenos en campañas que así lo ameriten. 

En el caso de la soja, se utilizaron principalmente en las latitudes más al norte, donde la oleaginosa tiene una fuerte presencia y el ambiente predispone a los patógenos de una manera bastante virulenta, es así que para el nodo Norte esta tecnología llega a un 20% de los tratamientos fúngicos, mientras que para el resto su utilización pasó casi imperceptible. El promedio total de uso de carboxamidas para la oleaginosa rondó el 8%, muy alejado a lo que son los tratamientos de cultivos invernales.

En maíces, tanto tempranos como tardíos, las carboxamidas pasaron inadvertidas, el uso de las mismas fue casi nulo para los tratamientos fúngicos realizados.

Tabla 2: % de uso de carboxamidas en aplicaciones de fungicidas foliares en la campaña 2019/20

A continuación se presentan los mapas con la información de % de uso de carboxamida por partido/departamento. la intensidad de color indica el % de uso.

A continuación se presentan los mapas con la información de % de uso de carboxamida por partido/departamento. la intensidad de color indica el % de uso.

Infografía: Mapas de % de uso de carboxamidas por departamento según cultivo

Cabe destacar que en la encuesta no se consultó sobre la utilización de este grupo fungicida en mezclas u otras alternativas de control. Tampoco sobre las características de la pulverización o el umbral de aplicación tenido en cuenta al momento de realizar el control, por lo que los valores presentados solo nos muestran un aspecto del manejo realizado por el productor en cada zona, para esta campaña en particular y no analizan en detalle la eficiencia de las carboxamidas respecto a otros grupos de fungicidas.  

Como mencionamos anteriormente debido a que este grupo de activos presentan riesgo de generación de resistencia de media a alta y además que, según FRAC, existen informes de seguimiento de aislamientos de ciertos patógenos con sensibilidad reducida a las carboxamidas, es que es fundamental enfatizan la necesidad de cumplir con las pautas de manejo de la resistencia para prolongar la eficacia de control de esta tecnología. Dichas pautas enumeradas por FRAC, son:

  • Los programas de fungicidas deben ofrecer una gestión eficaz de las enfermedades.
  • Aplicar los fungicidas de acuerdo con las recomendaciones de los fabricantes. No reducir dosis.
  • Realizar como máximo 2 pulverizaciones de productos basados ??en carboxamidas dentro de la rotación, tanto para cereales como para soja.
  • Aplicar carboxamidas siempre en mezclas.
  • Cuando se pulveriza con mezcla (tanto una mezcla de tanque o como una mezcla coformulada), el otro activo debe proporcionar un control satisfactorio de la enfermedad cuando se usa solo en la enfermedad objetivo y debe tener un modo de acción diferente.
  • Pueden aplicarse mezclas de dos o más fungicidas del grupo de las carboxamidas para proporcionar una buena eficacia biológica; sin embargo, no proporcionan una estrategia anti resistencia.
  • Las carboxamidas deben usarse de manera preventiva o en las primeras etapas del desarrollo de la enfermedad.
  • Como las carboxamidas pueden generar potencial resistencia cruzada, el manejo de la resistencia debe ser el mismo para todos los activos del grupo.

Cada uno de los activos varían en su impacto o posicionamiento según de qué cultivo se trate y de su correspondiente patógeno, este es el aspecto que debería ser más importante a tener en cuenta a la hora de evaluar y elegir su uso. Entonces, conocer el sistema donde se está actuando e identificar el patógeno al que estamos apuntando es el primer paso de cualquier estrategia de control químico. Para luego centrarse en los conceptos técnicos para el uso de cada tipo de fungicidas, los cuales siempre poseen mejores performances de control aplicando de manera anticipada y con inóculos en bajas cantidades. 

 

Referencias: